Pequeños fanáticos, potenciales consumidores

A veces la pasión por el deporte se hereda desde muy temprana edad, sin embargo, también se llega a adoptar y no precisamente por la afición de familiares y amigos, sino por el impacto que tienen los deportistas y los patrocinadores a través del marketing deportivo

Elías González | @elijahmx
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   Aún no caminaba, apenas daba unos pasos pero ya tenía un balón cerca del pie por mi afición al deporte. Igual apenas pronunciaba algunas palabras propias de su edad, sin embargo, para mi sorpresa -y de todos- comenzó a patear la pelota como “Ibrahimovic”, sí el sueco Zlatan que él empezó a ver en la televisión cuando tenía año y medio. Su nombre lo pronunció sin mayor problema.
   Hoy ya no es nada más Zlatan, también están un Cristiano, Neymar, Messi, Dybala, Marcelo, Keylor, Buffon, Benzema, Bale, Buffon, Iniesta, Salah, sin olvidar claro a los mexicanos Chucky, Chicharito, Herrera, Raúl, Tecatito… y por supuesto Caraglio, Elías, Marchesín, Barovero, Corona y una extensa lista de futbolistas que, en algún momento, “adopta” en el patio de la casa, jugando “FIFA”, la escuela o la cancha.
   Y no todo es futbol, también existen los Monster Jam, las motos de Red Bull, el Súper Bowl de la NFL; la lucha libre con el Dr. Wagner, LA Park, El Hijo del Santo, Blue Demon Jr., la WWE, el box con el Canelo… y detrás de toda esa maquinaria deportiva y publicitaria le siguen la Fórmula 1, el tenis, el golf, el rally, etcétera.
   De todo eso ha visto fragmentos en la televisión, también ha asistido a estadios o arenas y así como él, un pequeño que inicia la primaria, hay cientos y miles de niños y niñas que están expuestos a un bombardeo constante de información en cualquier lugar: en la calle ven anuncios, en la escuela imitan a sus compañeros, en la casa ven la tele o juegan con sus hermanos mayores en internet. Ejemplos hay muchos.
   ¿Es bueno o malo? Depende del enfoque que cada uno quiera ver, pero la realidad es que ese segmento de niños y jóvenes, en el caso de México la cifra es de más de 39 millones de niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años según la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), esto es 32.8 por ciento de la población del país.

 

 

   En mayor o menor medida, ellos son auténticos clientes potenciales para las marcas deportivas, lo mismo para comprar un juego de video que el uniforme de su equipo favorito. Su gusto -heredado o adoptado, es lo de menos- es evidente.
   Si es bueno o malo que un niño se forme un expectativa en torno a un deporte o a su ídolo ante la inmensa cantidad de información que recibe a través de todos los medios habidos y por haber, depende de cómo se mire. Finalmente, en la actualidad todos estamos expuestos a ese bombardeo y al final, como siempre, el “cliente es el que tiene la última palabra”.
   Este martes es 30 de abril, Día del Niño, y como sucede casi siempre, se hace hasta lo imposible por celebrar y reconocer a los reyes de la casa y aunque quizá no se toma mucho en cuenta, basta darse una vuelta al centro comercial y las tiendas especializadas para encontrar todo tipo de ofertas enfocadas a los niños y niñas y sí, son camisetas, balones, mochilas, gorras, loncheras, zapatos, tenis, termos…
   Los patrocinadores, desde aquellos que tienen firmadas a las grandes estrellas y presumen su presencia en todo el mundo, hasta los que apuestan por el mercado local, saben que el deporte es un activo que puede generar no solo un retorno de inversión, sino que se convierte también en un enlace entre la marca y el consumidor, aún más en una época en que el marketing deportivo, fortalecido con las plataformas digitales, es el pan de cada día.
   Además, los sponsors no solo participan en el segmento deportivo con todo tipo de eventos, también aprovechan esa proyección que solo el deporte y los deportistas tienen; ahora, para expandir el área de negocio aparecen en temas de espectáculo, entretenimiento y arte y cultura y así como los vemos en las vallas de un estadio de futbol, también en el escenario de un concierto o los pendones de un teatro.
   Para las marcas y patrocinadores no solo de trata de números, también de generar lealtad y de paso cautivar a más consumidores y justo los niños y jóvenes forman parte de ese cliente potencial, el público está afuera y el reto a la vista. Por eso, invierte en el deporte.

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